CAPÍTULO 2. EL ESCUDERO CURIOSO

El flechazo en el monigote de cuero sonó con fuerza vibratoria, clavándose con firmeza hasta el centro del objetivo. Su lanzador la agarró por el extremo y la sacó con un feroz movimiento de muñeca.

Pedro era un simple escudero al acecho de las flechas que caían, de las armas y escudos de su señor y el encargado del cuidado de su espectacular rocín. Ya tenía ganas de la llegada del baño del escudero, a partir de ese momento comenzaría el largo camino hasta convertirse en un gran caballero. Su señor le dió descanso hasta el día siguiente pero Pedro se quedó en el castillo a recorrer y husmear por todos sus rincones, como hacía casi a diario antes de volver a la cabaña, nunca se sabe si algún día le beneficiaría conocer todos los pasadizos y rincones del castillo.

Desde el patio de armas se dirigió hacia la puerta principal, subió las escaleras hacia la capilla para tomar el camino que le llevaría al torreón sur, procurando que nadie le viera. Tuvo que esconderse detrás de la puerta de un pequeño aljibe que utilizaban como mazmorra pues salía el prior de bendecir a los nobles caballeros de la cincha verde. El grupo de caballeros y el prior se pararon justo en la puerta de la mazmorra intercambiando palabras en materias religiosas y artes de la guerra. Pedro se adentró aún más en la mazmorra para que no le avistaran bajando un poco más las escaleras, con tan mala suerte que fue a dar un mal paso y cayó hasta abajo rodando. Se levantó aturdido y dolorido con la velocidad de un rayo y fue justo cuando oyó que ya no había sonidos de las voces del prior ni de los nobles en la puerta, subió a toda prisa por la escalera y consiguió llegar hasta la capilla. ¡La capilla! Nunca había entrado y esa noche sería la primera. Y ojalá nunca hubiera entrado.

2 comentarios:

    Mmmm, un nuevo personaje a escena, caballeros, castillos y habitaciones misteriosas.

    Se pone interesante el relato, seguimos a la espera de más.

    Un saludo al escritor.

     

    Gracias. Continuará...

     

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