Empujó la pesada puerta de la capilla, enlazando pasos cortos y poco firmes entró lo suficiente para que alguien, que lo esperaba detrás, lo golpease con fuerza perdiendo el poco conocimiento que tenía.Despertó.Abrió los ojos y la primera imagen que vió fue una bóveda de piedra gris a dos metros de sus ojos. Sintió frío, sintió un fuerte dolor de nuca, sintió ganas de llorar y sintió cómo lo zarandeaban y le empapaban la cara con un cubo de agua.
- ¡Levanta del suelo, perro asqueroso!, - lo vociferó una voz de hombre. Por el tono de su voz intuyó que no tenía más de cincuenta años. Se levantó a la fuerza, con gusto se hubiera quedado tumbado en el suelo hasta que le hubiese remitido el dolor de nuca. No tuvo más remedio que mirar a su agresor sin conseguir ninguna pista de quien se podría tratar, pues llevaba el rostro cubierto por un capuchón que le llegaba hasta la barbilla y que tenía hechos dos agujeros para poder ver.Miró a su alrededor en un instante y supo dónde estaba. Estaba en alguna sala en la que había sepulcros de todos aquellos priores y nobles caballeros que dieron su vida por la defensa de la fortaleza y del pueblo, pero no era muy agradable estar allí, entre muertos.Llegó otro hombre, también encapuchado, y entre los dos lo cogieron por ambos brazos y le taparon la cabeza con un saquillo. Lo llevaron por un pasillo dando vueltas rotatorias sobre sí mismo para desorientarlo, llegaron al comienzo de una escalera y a trompicones subió como pudo hasta un piso superior.
Lo sentaron contra la pared y allí lo retuvieron con las manos atadas a la espalda mientras discutían si deshacerse de él o no, sobretodo porque era el escudero del gran noble y caballero Cepeda El cauteloso. Sucumbió de nuevo al cansancio y al sueño, haciéndose las voces cada vez más lejanas y pequeñas. Durmió y despertó con el saquillo puesto en la cabeza. El silencio era el imperio en aquel sitio, tal era el silencio que pensó que estaba muerto ya. Así que pensó que si estaba muerto ya nada podría pasarle, con mucho esfuerzo se desató las manos y se quitó el saquillo de la cabeza con tal sorpresa se encontró que no adivinaba dónde se hallaba su cuerpo. Vio un altar en el centro de la gruta abovedada, un altar tremendo que era presidido por un adorno muy grande de color verde, era un objeto multiforme pero de un color verde muy bonito y se encontraba rodeado de agua, lo mantenían húmedo.
Oyó a un gato maullar, el gato se acercó restregándose entre sus piernas, el escudero sonrió y lo acarició. De repente se oyó un sonido estruendoso de puertas pesadas que se cerraban, así que corrió de nuevo hasta donde estaba a colocarse el saquillo en la cabeza antes que descubrieran que se había despabilado, mirando hacia la puerta pensó que si se tumbaba hacia un lado lo dejarían en paz. El gato subió de un salto al altar olisqueando aquello de color verde. Entró un encapuchado y al ver al gato encaramado en la cima del altar casi con una pata encima del coral verde, de un tajo lo partió en dos, sin dar opción al gato de quejarse.
El del saquillo no respiró.




Un placer leerte. Besos.
Nunca mejor dicho "la curiosidad mató al gato".
¿El adorno verde será algún objeto de nigromantes?