Pedro se mantenía quieto, sin respirar apenas, pues no sabía a lo que se enfrentaba. Jamás había visto tal ... cosa, jamás había visto a una mujer tan bella, con esos largos cabellos y ese largo vestido; tampoco había visto jamás que una mujer pudiese suspenderse en el aire, ¿acaso se trataba de un fantasma o algún espíritu de los que hablaban los trovadores en sus cántigas? ¡Y lloraba!. Se agarraba el pecho como si se lo hubiesen desgarrado con un certero tiro de lanza guerril. Asustado, Pedro no pudo articular palabra, pero ardía en deseos de preguntar a la joven transparente y desconocida qué le acaecía, qué le dolía, pero su cabeza no dejaba al impulso preguntar, ni a su boca articular frase alguna. Podría ser que le hechizara si se tratare de una bruja hereje o lo sumiera en una maldición si se tratare de un brujo oscuro, o tal vez le arrebatara su preciada alma si se tratare del mismísimo Belcebú.
Pedro miró a su alrededor, y en el techo vió un agujero por donde llenaban de agua el aljibe, observó al espectro de mujer llorándole al coral verde y miró, a su derecha, percatándose de una ínfima puerta en la esquina de la pared que, seguramente, escondía algún pasadizo que le llevaría hacia el camino de la libertad. ¡Cuántas ganas tenía de llegar a casa!, echaba de menos a su madre y a su padre, a éste, tantas veces lo había enfurecido y lo había sacado de sus casillas... no lo volvería a hacer, no se lo merecía. Obedeció al impulso inconsciente de arrastrarse rápidamente hasta la puerta avistada, y con el ruido, hizo que el espectro se diera cuenta de su presencia.
El espectro de Zaida se volvió con un movimiento suave y coordinado y, como si fuera la voz de una sirena, le instó a quedarse quieto con un dulce golpe de voz. – No temas, no voy a hacerte daño. ¿Cuál es vuestro nombre?, ¿qué hacéis vos en este lugar?, ¡sois un niño, por Alah!.




Vaya vaya, a lo que parece la atormentada Zaira ha encontrado alguien con quien dar buena plática.
¿Qué pensará el bueno de Pedro? Yo ya me habría meado en los pantalones.
jajaja, saludos